sábado 27 de noviembre de 2010

Es el resultado de muchas noches sometida a múltiples mentes,
y es ahora, en el tiempo en el que más puedo estar cerca a la libertad, cuando puedo desencadenar las manos de aquel villano que sutilmente vigila una fantasía.
Quien ha de entender su destino, en el mundo de lo previsible, solo grita, redunda en la tradición de mañanas comunes y noches de sueños benévolos.
No importa aquella condena, tampoco es relevante que no exista, trasciende realmente lo que corre por su sangre y lo que esta refleja en la cena que se haya en la mesa.
Además, es sencillo, las leyes de la naturaleza vanidosa lo han favorecido, lo que me lleva a no discrepar, además, de hacer lo posible por escavar en lo que queda lo más parecido a lo dado.
Sospecho, quizá, que no lo ataca aquel mal del impulso que chocha con caprichos perniciosos, cosa que realmente debe desaparecer, por lo menos, del tiempo del tiempo de juego.
La pesadilla, la más importante, es la de tomar su mano en un sueño, creyendo por supuesto que es cierto, la pesadilla es el perfume que invade sus ojos en una circunstancia real, sin prisa, amarga el beso inesperado.
Al parecer, esta vez, no ha dado resultado, el azar se ha aprovechado de nuevo del caos del jardín, para que los demás no se atrevan a cruzarlo y, sin embargo, de nuevo, no tiene importancia. Solo basta esa mirada inquebrantable que late detrás de un corazón de hielo.