No importa más que la efigie de una nueva mujer,
sus palabras y sonrisas fluyen sin mayor afán,
ha comprendido algunas nuevas reglas de juego de los seres normales,
y lanza miradas sutiles, buscando satisfacer la ley de la naturaleza.
Su desempolvado principio, merodea sus días, minuto a minuto logra convertirse en su intangible presente.
No es tiempo para sobrevivir, el tiempo es ahora, es el último chance, y ella lo asume, serena, en una noche clara y racional, donde el whisky no se apodera de su cabeza.
Otra canción, deleita sus oídos, prescinde de algunas presencias, ha encontrado su punto de quiebre, su cuerpo cruza lento el puente de la antigua costumbre, no necesita de él en esta única oscuridad, solo sonríe, sabe que la perfección coincide con sus tiempos.
No sabe como, si el amor es libre, si no es de pares, ni solitarios, solo de multitudes. Nunca olvidara esos rumores que desgastaron sus horas vespertinas, no obstante, estarán ocultos en el recinto de las murmuraciones que solo intentan e intentan conquistar la pista de baile abandonada.
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